5 libros románticos recomendados para el veranito

Por estas fechas, cuando ya se asoman las vacaciones a la vuelta de la esquina, empiezo a hacer una lista de libros que leer tumbada a la bartola, ya sea en mar, montaña o campo. Husmeo por aquí y por allá, en librerías, blogs, novedades de mi biblioteca local, busco recomendaciones e intento que haya un poco de todo lo que me gusta: amor,  policíaco, narrativa, ya sea de autores consagrados y reconocidos de los que aprender, o de autores nuevos, de los que aprender también! 😉

Todavía tengo a medias mi lista veraniega, pero por si sois como yo y buscáis alguna recomendación de lectura romántica, aquí las mías:

Portada libro El último baileEl último baile, Marisa Sicilia
La última novela de Marisa Sicilia es una historia de amor preciosa que arranca con un reencuentro casual, el de los dos personajes protagonista, Lili y Andreas, catorce años después de que sus vidas se separaran debido a los acontecimientos del momento que les tocó vivir, el de los años 20, en Centroeuropa. Un momento histórico convulso y contradictorio en lo político, lo económico y lo social,  que Marisa retrata con pluma elegante y precisa, en esos ambientes de entreguerras de Viena y Berlín, cuando se vislumbraba el final de una época y el principio de otra, y que luego desembocaría en el nazismo y la II Guerra Mundial. No resulta difícil imaginarse la emoción enamorada de la joven Lili en los escenarios de aquellos últimos bailes de sociedad en Viena, ni las aspiraciones de Andreas en aquel Berlín de libertad radical, de agitación cultural, artística y sexual, ni los comportamientos del resto de personajes, tan bien retratados, coherentes hasta el final. Y aunque tanto Lili como Andreas se ven obligados a cambiar para adaptarse a una realidad tan distinta a la que conocían, es Lili la que más peleará por que su historia de amor perviva incluso más allá de las dificultades. Con novelas como ésta, tan bonitas y tan bien escritas, da gusto leer novela romántica… ¡y recomendarla!. Menos de 6€ en su versión digital en Amazon.

 

Bajo el sol de medianoche, Marisa Grey
Uno de esos novelones que lo tiene todo: romance, emoción, aventura, contexto histórico… Ambientada en el territorio del Yukón (Canadá), a finales del siglo XIX, en plena Fiebre del Oro que arrastra a miles de hombres y también algunas mujeres a arriesgar su vida por un puñado de ese metal. Entre ellos se encuentra Cooper MacKenna, un hombre con un pasado atormentado por el recuerdo de una mujer, Lilianne, por quien se sintió engañado y que se empeña en dejar atrás. Por eso, cuando Lilianne Parker, una señorita bien de San Francisco, aparece en Dawson City para reclamarle el divorcio después de casi diez años, lo único que desea es hacerla pagar de alguna forma su traición. Y su concesión del divorcio no le va a salir gratis. Un placer de lectura no solo por la trama, apasionante, sino también por la calidad de una autora que hasta hace poco desconocía, y que recomiendo a todas las lectoras de buenas historias románticas. A buen precio en su versión digital y ¡gratis en Amazon Unlimited!
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Mil historias a través de sus ojos: Raquel Chicheri

Relax | Foto: Raquel Chicheri
Escribiría más de una minihistoria a partir de esta foto de Raquel Chicheri

A Raquel Chicheri la descubrí a través de la web de Hello Creatividad! donde entro de vez en cuando a curiosear alguno de sus talleres o actividades, siempre muy inspiradoras. Hace unos meses, en una de esas incursiones,  me llamó la atención una de sus fotos.  Me impactó por su fuerza, la luz, la expresividad. Algo que está en el resto de su fotografía, como comprobé en seguida en su web.

Muchas son imágenes de niños captadas en momentos cotidianos  que se convierten en mágicos cuando los pasa por el filtro de su obturador. Click, click y zas: las algas nos hacen cosquillas en la espalda. Click, click y zas: hoy me siento spiderman. Correrías y complicidades de una niñez feliz, como debe ser.  Sigue leyendo “Mil historias a través de sus ojos: Raquel Chicheri”

Cómo derribar prejuicios con una buena lectura

Portada libro El legado de Marie SchlauCreo que he hablado alguna otra vez sobre los prejuicios (los míos, los primeros). Lo que rechazas a priori, por desconocimiento, o por mal-conocimiento o por ideas preconcebidas con poca base, sin dar casi oportunidad a desmontarlas.   Me gusta cada vez que me doy cuenta de que he sido víctima de mis propios prejuicios porque me sirve para estar más alerta y detectar con más facilidad cuándo me dejo guiar por ellos. Son ladrones de conocimiento y experiencias.

Traigo esto a colación para hablar de una de mis últimas lecturas que, de no ser por la tertulia literaria en la que participo, estoy convencida de que no hubiera leído jamás (seguramente, por mis prejuicios): El legado de Marie Schlau. Una novela colectiva para curar la Ataxia de Friedreich.

Por suerte para mí, esa tertulia organizada por la asociación Caballo Verde, reúne un grupo de personas, lectores ávidos, con buen ojo crítico y criterio, mucha sensibilidad social, amantes de la cultura, al margen de su formación y experiencia vital, que me amplían horizontes, conocimiento y perspectivas cada vez que nos juntamos a debatir sobre lecturas que alguien ha propuesto previamente. En ocasiones son libros que quizás yo no habría elegido, pero eso es lo interesante.

¿Por qué digo que quizás nunca habría leído la novela de El legado de Marie Schlau? Desconocía su existencia, pero incluso aunque me hubiera tropezado con ella, no sé si habría entrado en mi radar lector. Por el título/subtítulo, probablemente, no: las novelas colectivas me producen extrañeza. Y lo de la Ataxia de Friedreich… me temo que no habría sido argumento suficiente si la trama de la novela no me engancha.

No ha sido el caso con El legado de Marie Schlau, obviamente, aunque confieso que lo empecé a leer con alguna reticencia que me duró lo que tardé en terminar el segundo capítulo. Me encontré con un novelón capaz de conjugar  a lo largo de 500 páginas, misterio, intriga, historias de amor y desamor, hechos históricos, mucha emoción y  el descubrimiento/conocimiento de esta enfermedad rara que es la Ataxia de Friedreich. Creo que ese es uno de los aciertos de esta novela: el dar a conocer esta enfermedad a través de una trama compleja y muy atractiva que no desmerece en absoluto a muchas otras novelas publicadas por grandes editoriales. Cualquier lector podría disfrutar con su lectura.

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El día de la mujer trabajadora… ¿qué celebramos exactamente?

Dia Mujer, la igualdad es ahora
A estas alturas, no sé si podemos celebrar el día de la mujer [trabajadora] como símbolo de ¿qué? La incorporación de la mujer al mercado laboral es un hecho. Ahora más que un día de celebración, para mí es un día de reivindicación, especialmente en los tiempos que corren: con las cifras escandalosas de mujeres asesinadas por la violencia machista; líderes/movimientos retrógrados que pretenden menospreciar o relegar a las mujeres —ya sea con palabras, gestos o hechos—; con el paro femenino pisándole los zapatos al juvenil; con la ausencia mayoritaria de mujeres en puestos de dirección y consejos de administración en las empresas, con la brecha salarial que muchos hombres siguen negando…

Hace poco en mi página de Facebook publicaba la frase de Rebecca West, una periodista inglesa de principios del siglo XX que decía que no sabía si era feminista o no, aunque la gente le llamaba eso cuando expresaba sentimientos que la diferenciaban de un felpudo.  Me gustó porque lo cierto es que yo tampoco me he planteado nunca si soy o no soy feminista. Defendía la igualdad, y punto. Y hace poco, me di cuenta de que era por algo que la escritora/periodista Caitlin Moran ha expresado muy bien: solo por el hecho de ser mujer ya eres feminista, ya que aspiras a tener los mismo derechos y recibir el mismo trato de igualdad que los hombres en todos los aspectos de la vida (ni más ni menos).

Que levanten la mano aquellas mujeres que quieran ser infravaloradas, cobrar menos por un trabajo similar al de un hombre, progresar menos en sus carreras, ser tratadas de manera desigual ante las mismas situaciones, etc. Me sorprendería que hubiera alguna. Sin embargo,  creo que todavía hay muchas mujeres que contraponen feminismo a feminidad —entendido este último como el orgullo de ser mujer, reconocer y valorar de forma positiva lo que nos diferencia de los hombres, sin menoscabo de nada—, pese a que pueden ir de la mano perfectamente; también hay mujeres que confunden feminidad con una forma sutil de “machismo femenino” que pretende perpetuar determinados roles,  costumbres y comportamientos basados en visiones, creencias y educaciones de supremacía masculina ante la “debilidad” femenina.

En algunas novelas románticas y en algún que otro bestseller “new adult” llegado de los EEUU, esto se ve muy claro: protagonistas femeninas que necesitan ser salvadas o protegidas por el protagonista masculino; o que soportan humillaciones, rechazos o lo que sea por el amor del protagonista, que es rebelde y malote “porque el mundo le ha hecho así”; o que entienden el amor como una dominación de él sobre ella; o que se enamoran perdidamente de protagonistas masculinos autoritarios y controladores,  etc…   —con lo que eso implica para la educación sentimental de las lectoras más jóvenes—. No puedo estar más en desacuerdo con ese tipo de historias porque validan una visión poco edificante de la mujer, de su relación con el hombre y con el mundo. Como mujer y autora me siento responsable de lo que reflejan y transmiten mis historias, porque son también reflejo de mis ideas, de la realidad en la que vivo y de mi posición respecto a ella.

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Sobre las palabras solas

Palabras perdidas

Debería existir una escritura de lo no escrito. Un día existirá. Una escritura breve, sin gramática, una escritura de palabras solas. Palabras sin el sostén de la gramática. Extraviadas. Ahí, escritas. Y abandonadas de inmediato.

Marguerite Duras, Escribir.

 

Dímelo con versos y besos

 Beso en coche
Besas como si fueras a comerme.
Besas besos de mar, a dentelladas,
las manos en mis sienes y abismadas
nuestras miradas.

Del poema “Un relámpago apenas”, Gabriel Celaya

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No es que muera de amor, muero de ti.
Muero de ti, amor, de amor de ti,
de urgencia mía de mi piel de ti,
de mi alma de ti y de mi boca
y del insoportable que yo soy sin ti.

Del poema “No es que muera de amor”, Jaime Sabines.

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Si me quieres, quiéreme entera
no por zonas de luz y sombra.
Si me quieres, quiéreme negra
y blanca, y gris, verde y rubia
y morena.
Quiéreme día
Quiéreme noche
¡Y madrugada en la ventana abierta!
Si me quieres, no me recortes:
¡Quiéreme toda… O no me quieras!

Dulce María Loynaz

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Porque son ya seis años desde entonces
porque no hay en la tierra, todavía,
nada que sea tan dulce como una habitación
para dos, si es tuya y mía.

Del poema “Canción de aniversario”, Jaime Gil de Biedma
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Si me quieres querer,
quiéreme ahora,
no dejes el amor para
mañana.
Vente conmigo antes
de que la aurora
entre como un tumor por la ventana.

De la canción “Por algo será”, de Joaquín Sabina

Razones para volver a París

 

París no se acaba nunca, y el recuerdo de cada persona que ha vivido allí es distinto del recuerdo de cualquier otra. Siempre hemos vuelto, estuviéramos donde estuviéramos, y sin importarnos lo trabajoso o lo fácil que fuera llegar allí. París siempre valía la pena, y uno recibía siempre algo a cambio de lo que allí dejaba. Yo he hablado de París según era en los primeros tiempos, cuando éramos muy pobres y muy felices.

Ernest Hemingway, París era una fiesta

Volvería a París sin ningún motivo en especial, año tras año. Por el simple placer de pasear sin rumbo, eso tan parisino, que diría Víctor Hugo; sentarme en sus cafés ( Le Deux Margots, o el de Flore o La Closerie des Lilas o Le Procope más restaurante ya que café, ) como lo hacía Sartre, o Hemingway, o  o Marguerite Duras o Julio Cortázar, entre tantos otros, con el deseo de fundirme allí como parte del paisaje y su gente, si fuera eso posible. Sigue leyendo “Razones para volver a París”

3 novelas de amor con humor

Personajes con un punto estrambótico, situaciones algo locas de las que no puedes sino reírte, y amor. Amor y humor es una combinación que siempre me ha gustado en los libros y también en el cine, desde aquellas comedias de los años 60 a lo Doris Day en Pijama para dos, a las más contemporáneas de 4 bodas y un funeral o El diario de Bridget Jones.

He escogido tres novelas muy distintas, tres historias que me hicieron pasar un buen rato con pellizquito en el corazón incluido.

El proyecto esposa, de Graeme Simsion

“Me llamo Don Tillman, tengo treinta y nueve años y soy profesor adjunto de Genética en la Universidad de Melbourne. Mi trabajo está bien remunerado, me alimento de forma equilibrada y regular, y mi condición física es óptima. En el reino animal, no tendría ninguna dificultad para aparearme, pero en el humano, nunca he logrado tener una segunda cita con la misma mujer”. Así se define el protagonista masculino de esta divertida novela, un científico que padece el síndrome Asperguer, lo cual le dificulta las relaciones sociales. A pesar de eso, Don decide afrontar su búsqueda de esposa de la misma forma que afronta un proyecto profesional: realiza una investigación y define un algoritmo que le permita dar con la candidata perfecta para él y sus curiosos comportamientos propios de una persona con Asperger. Confieso que me gustan los protagonistas masculinos atípicos, más inteligentes que guapos, y Don me conquistó a mí, y a la que finalmente será su esposa, una chica que irá rompiendo todos y cada uno de sus esquemas mentales.

Gente que viene y bah, de Laura Norton

Me había leído No culpes al karma… con el que disfruté mucho y no dudé en leerme la segunda novela de esta autora española que firma con seudónimo. Gente que viene y bah gira en torno a Bea, la típica protagonista listilla, metepatas e ingenua, que huye de Madrid hacia tierra natal en el Norte después de que su prometido le pusiera los cuernos con una presentadora de televisión y provocara su despido en el estudio de arquitectura donde trabajaba. De regreso a su pueblo se encuentra con un tremendo enredo familiar y un viudo pelirrojo con el que no empieza, precisamente, con buen pie. Y entre medias, un pueblo enfrentado por un proyecto ecológico, un enano que demanda su paternidad, un hermano liado con un guarda civil, una casa de madera en un árbol y un exnovio arrepentido que llega perseguido por su nueva novia, dispuesta a grabar allí su programa de televisión (con crítica a la información-espectáculo incluida). Muy divertido, y en mi opinión, una historia más armada y redonda que su anterior novela. Sigue leyendo “3 novelas de amor con humor”

Todo cuanto amé en 2016

Un año intenso, este 2016 al que ya hemos dado carpetazo y olvido. Yo todavía estoy cerrando flecos, recuperando notas, aquilatando lo vivido. Mucho. Y vuelvo a echar mano de mi apreciada Siri Husvedt a quien robo una vez más el título de una de sus novelas, para condensar doce meses de viaje personal, con las sensaciones a flor de piel. Sin orden ni concierto, esto es todo cuanto amé en 2016:

Ese estado de hervidero interno constante. De dudas y certezas. Los desvelos creativos en mitad de la noche. Los intentos fallidos. Los prometedores.

Ese acto íntimo, el de escribir que decía Marta Fernández, el de entregarse a las palabras como el que se abandona en un cuerpo ajeno. Y el de atraparlas cuando se te escurren en el camino que va de la cabeza a los dedos. Dudando de todo, hasta de si aceptas solo sin acento (qué remedio). El masoquismo creativo de padecer gozando o gozar sufriendo.

Saltar de la cama, feliz, sea la hora que sea. El primer café. Y los dos o tres siguientes. Atisbar el día que hará a través de la cortina. Mi desayuno en silencio y el primer abrazo de la mañana de un adolescente adormilado. Que se nos hagan mayores y vernos en ellos. Que me sorprendas, todavía.

La Central en Madrid, y el despliegue de notas en una pequeña mesa esquinera de su café (¿te acuerdas?) El tacto de mi Kindle nuevo, su luz cuando todos duermen. Buscar refugio en los libros, y encontrarlo en un buen puñado: en Diarios de Gil de Biedma —«Escribir no salva, como creían Proust et alia y como desearíamos todos, pero sí que alivia», dice entre sus páginas—, y en alguno de sus libros de poemas (inevitable leerlos, después de amar sus intimidades y obsesiones); después vendrían el discurrir de la vida de Dos amigas en los cuatro libros de Elena Ferrante; la ternura desolada de Intemperie, de Jesús Carrasco; la fantasía de El nombre del viento y El temor de un hombre sabio, de Patrick Rothfuss, hasta llegar, in extremis, las últimas semanas de diciembre, al doloroso Tan poca vida, de Hanya Yanahigara. Y entre medias, otros muchos, pero sobre todo, las novelas románticas que tanto me gustan y que reseñé a menudo en este blog.
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El espíritu de las navidades presentes

Decoración navideña Lo hablábamos hace un par de semanas mis amigas y yo, a unas horas más bien intempestivas de la noche (así que puede que desvariáramos un poco entre mojitos y gominolas, perdonadme si es así): esto ya ni es Navidad ni es nada. Es un sucedáneo de tradición. Una excusa para comer sin medida y gastar sin remordimientos. Un envoltorio de brillos y luces casi vacío en su interior. El señor Scrooge ha regresado de su tumba para reírse de nosotros y del espíritu de las navidades presentes.

Supongo que tener niños pequeños ayuda a mantener un poco más la magia de estas fechas. Nos reunimos alrededor de ellos por el simple placer de ver sus caras de asombro, su ilusión ante esos regalos que aparecen como caídos del cielo —ya sea a lomos de camellos o de un trineo tirado por arces—. Con ellos parece que nos bastan esos pequeños detalles para que todo merezca la pena.

Después, los niños crecen y dejan de hacer listas de regalos porque tienen tanto que ya no saben qué pedir, salvo dinero; creo que no hay nada que deseen con la misma fuerza con la que lo deseábamos nosotros entonces, sin tanto a nuestro alcance, ni tampoco les preocupa aquella incertidumbre nuestra de saber si se cumplirían nuestros deseos o no: ellos no tienen ninguna duda.

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