3 novelas con novias a la fuga

Ocurre hasta en las mejores familias: llega el momento del “sí, quiero”, y el novio o la novia huyen despavoridos. La búsqueda del verdadero amor lo justifica todo, al menos, desde el punto de vista de la narrativa literaria y audiovisual romántica. Y más si se trata con humor.

Dejar plantado a alguien en el altar ante el pasmo del otro, familia e invitados, es una situación que sigue dando mucho juego, sobre todo en comedias y novelas  románticas que arrancan con la novia indecisa dándose a la fuga, porque ¿quién sabe? quizás a la vuelta de la esquina o en el Caribe o entre los asistentes a la misma boda, se esconda el amor verdadero. Y aquí empieza todo.

Tú hoy no te casasTú hoy no te casas, María José Vela

Ni hoy ni mañana ni pasado. De hecho, Coco es casi secuestrada de la limusina que la conduce a su glamurosa boda por su mejor amiga, Lola, que sabe lo que es mejor para ella. Y lo mejor para ella es desaparecer y reaparecer de nuevo en un destartalado hotelito de un paradisíaco lugar de Costa Rica, a orillas del Pacífico, donde nadie podrá localizarlas durante el tiempo suficiente como para que Coco aclare un poco sus ideas. Esas playas de arena blanca, vegetación exuberante y miles de exóticos y aterradores bichos,  acogen a un grupo de personajes a cual más curioso: el Chimuelo, un viejo gringo que ahoga su nostalgia de amor en rancheras; María, una joven madre en apuros, Kenneth el matón, Hernán y Oliver, los atractivos propietarios de un hotel-spa que ocultan un pasado doloroso y, Max, el perro “hablante” capaz de robarle protagonismo en una escena al mismísimo protagonista masculino. En ese entorno y con esos personajes maravillosos, María José Vela construye una historia de amor fresca y divertida, llena de golpes de humor memorables, con un poco de intriga y mucho del espíritu ¡Pura vida! que finalmente se adueña de Coco, de Lola y hasta de una misma, si te descuidas. Lo tienes en versión digital a 3,99€ en Amazon

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5 libros románticos recomendados para el veranito

Por estas fechas, cuando ya se asoman las vacaciones a la vuelta de la esquina, empiezo a hacer una lista de libros que leer tumbada a la bartola, ya sea en mar, montaña o campo. Husmeo por aquí y por allá, en librerías, blogs, novedades de mi biblioteca local, busco recomendaciones e intento que haya un poco de todo lo que me gusta: amor,  policíaco, narrativa, ya sea de autores consagrados y reconocidos de los que aprender, o de autores nuevos, de los que aprender también! 😉

Todavía tengo a medias mi lista veraniega, pero por si sois como yo y buscáis alguna recomendación de lectura romántica, aquí las mías:

Portada libro El último baileEl último baile, Marisa Sicilia
La última novela de Marisa Sicilia es una historia de amor preciosa que arranca con un reencuentro casual, el de los dos personajes protagonista, Lili y Andreas, catorce años después de que sus vidas se separaran debido a los acontecimientos del momento que les tocó vivir, el de los años 20, en Centroeuropa. Un momento histórico convulso y contradictorio en lo político, lo económico y lo social,  que Marisa retrata con pluma elegante y precisa, en esos ambientes de entreguerras de Viena y Berlín, cuando se vislumbraba el final de una época y el principio de otra, y que luego desembocaría en el nazismo y la II Guerra Mundial. No resulta difícil imaginarse la emoción enamorada de la joven Lili en los escenarios de aquellos últimos bailes de sociedad en Viena, ni las aspiraciones de Andreas en aquel Berlín de libertad radical, de agitación cultural, artística y sexual, ni los comportamientos del resto de personajes, tan bien retratados, coherentes hasta el final. Y aunque tanto Lili como Andreas se ven obligados a cambiar para adaptarse a una realidad tan distinta a la que conocían, es Lili la que más peleará por que su historia de amor perviva incluso más allá de las dificultades. Con novelas como ésta, tan bonitas y tan bien escritas, da gusto leer novela romántica… ¡y recomendarla!. Menos de 6€ en su versión digital en Amazon.

 

Bajo el sol de medianoche, Marisa Grey
Uno de esos novelones que lo tiene todo: romance, emoción, aventura, contexto histórico… Ambientada en el territorio del Yukón (Canadá), a finales del siglo XIX, en plena Fiebre del Oro que arrastra a miles de hombres y también algunas mujeres a arriesgar su vida por un puñado de ese metal. Entre ellos se encuentra Cooper MacKenna, un hombre con un pasado atormentado por el recuerdo de una mujer, Lilianne, por quien se sintió engañado y que se empeña en dejar atrás. Por eso, cuando Lilianne Parker, una señorita bien de San Francisco, aparece en Dawson City para reclamarle el divorcio después de casi diez años, lo único que desea es hacerla pagar de alguna forma su traición. Y su concesión del divorcio no le va a salir gratis. Un placer de lectura no solo por la trama, apasionante, sino también por la calidad de una autora que hasta hace poco desconocía, y que recomiendo a todas las lectoras de buenas historias románticas. A buen precio en su versión digital y ¡gratis en Amazon Unlimited!
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Dímelo con versos y besos

 Beso en coche
Besas como si fueras a comerme.
Besas besos de mar, a dentelladas,
las manos en mis sienes y abismadas
nuestras miradas.

Del poema “Un relámpago apenas”, Gabriel Celaya

****

No es que muera de amor, muero de ti.
Muero de ti, amor, de amor de ti,
de urgencia mía de mi piel de ti,
de mi alma de ti y de mi boca
y del insoportable que yo soy sin ti.

Del poema “No es que muera de amor”, Jaime Sabines.

****

Si me quieres, quiéreme entera
no por zonas de luz y sombra.
Si me quieres, quiéreme negra
y blanca, y gris, verde y rubia
y morena.
Quiéreme día
Quiéreme noche
¡Y madrugada en la ventana abierta!
Si me quieres, no me recortes:
¡Quiéreme toda… O no me quieras!

Dulce María Loynaz

****
Porque son ya seis años desde entonces
porque no hay en la tierra, todavía,
nada que sea tan dulce como una habitación
para dos, si es tuya y mía.

Del poema “Canción de aniversario”, Jaime Gil de Biedma
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****

Si me quieres querer,
quiéreme ahora,
no dejes el amor para
mañana.
Vente conmigo antes
de que la aurora
entre como un tumor por la ventana.

De la canción “Por algo será”, de Joaquín Sabina

Cómo amamos las mujeres

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Es el eterno tema en liza, lo que nos da la vida, lo que nos quita el sueño, la piedra en la que no nos importa tropezar una y mil veces, si es necesario. Nada nos llena tanto como amar y sentirnos amadas, pero no de cualquier forma. Doce mujeres –diez escritoras brillantes y dos actrices de carácter– expresan en estas 12 frases de amor su visión de cómo amamos las mujeres.

El día que una mujer pueda amar no con su debilidad, sino con su fuerza; no escapar de sí misma, sino encontrarse; no humillarse, sino afirmarse… Ese día el amor será para ella como para el hombre, fuente de vida y no un peligro mortal.
Simone de Beauvoir

 

¿Puedo amar a alguien y todavía pensar, volar?  Amar es volar bajo, flotando, aunque sea un vuelo solitario batiendo las alas.
Susan Sontag

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¿Quién dice que las mujeres casadas no hablamos de amor?

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Hay un tipo de novelas de amor que a mí me gusta especialmente: las historias de segundas oportunidades. O el redescubrir y enamorarte de alguien que ya conocías. Y dentro de estas, me encantan unas que son casi rarezas porque las protagonizan una pareja estable o un matrimonio.  Son rarezas porque aunque el matrimonio (o similar; a mí me valen alternativas menos convencionales) es el ansiado broche feliz de cualquier novela romántica que se precie, parece ser que lo que ocurre diez, quince o veinte años después, no nos interesa demasiado como lectoras. No queremos leer ni hablar mucho de eso. Será porque ya no está la emoción del periodo de enamoramiento, ni las mariposas en el estómago, ni la sensualidad, ni el deseo sexual constante e irresistible, como ocurre en las historias románticas habituales. Lo que sí está es la vida real, el día a día, las preocupaciones de cada uno, los niños/adolescentes, el trabajo, los conflictos normales de la convivencia en  pareja.

Hablando sobre esto y otras ideas variopintas para novelas, una amiga me dijo: “es que no quiero leer sobre lo que tengo en casa; quiero volver a enamorarme en cada historia que leo, volver a vivir esa emoción”. Porque en su matrimonio no siente ya esa emoción del principio. Lo normal, vamos. Las relaciones cambian y evolucionan en igual medida que evolucionamos nosotros como personas. Con el paso de los años, cambia lo que le pedimos a nuestra pareja, a nuestra relación, a nuestra idea de “felicidad individual” y “felicidad conyugal”. Y menos mal. Sin embargo, creo que siempre debe haber unas bases sólidas e inamovibles a las que aferrarse cuando la cosa se tambalea: que siga existiendo amor, atracción, respeto y ganas de esforzarse un poco para solucionar desajustes y desencuentros. Sin eso, apaga y vámonos.

Esto me hizo recordar un par de libros de amor que me gustaron mucho en su día: uno era “Las mujeres casadas no hablan de amor”, de Melanie Gideon, y el otro “Mírame a los ojos”, de Sarah Pekkanen. Son muy distintos pero ambos tienen en común historias de amor contemporáneas de parejas ya casadas, que por una razón u otra, viven un momento de conflicto, de distanciamiento.  Sigue leyendo “¿Quién dice que las mujeres casadas no hablamos de amor?”

4 prototipos de protagonistas masculinos que nos enamoran

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Mr. What else?

El libertino seductor

Guapo, atractivo, ingenioso, elegante, adulador, con auténtica alergia al compromiso… todo un experto en el arte de  seducir a una mujer para satisfacer sus instintos más bajos (dicho esto en el sentido de su ubicación corporal). Deseable y deseado por todas, se ha pasado la vida saltando de cama en cama, haciendo de su habilidad sexual todo un reclamo para mujeres de todo tipo y condición… hasta que llega ELLA. La horma de su zapato. La que se resiste (un poquito, al menos) a sus encantos. La que conseguirá enamorarlo de tal manera, que renunciará a todas las demás por el amor de ella (en mayúsculas). Y no sólo eso: una vez reconvertido en hombre comprometido y fiel, será el esposo, amante y padre perfecto forever and ever.

¿Alguna pega? Ninguna, salvo que la cabra tire al monte (aunque nunca jamás nos lo creeríamos de él)

Ejemplos: Will, de Beautiful Player, de Christina Lauren; o St. Vincent de El diablo en Invierno, de Lisa Kleypas. O Víctor de la Trilogía de Valeria de Elisabet Benavent, mi preferido.

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Colin, colin

El tímido y torpe

Podrá ser guapo o no, pero su mayor atractivo no reside en su físico sino en su forma de ser. Es un personaje de nobles sentimientos, inteligente, sensible, tímido y…sí, un poco torpe a la hora de manejarse con las mujeres. Llamadlo inseguridad, miedo o falta de habilidades sociales, como queráis. (También entrarían en esta categoría los frikis contemporáneos). Pero no nos engañemos. La mujer que consiga traspasar esa coraza, descubrirá la verdadera naturaleza de este hombre: tierno en cada detalle hacia su amada, apasionado en la cama y un romántico empedernido capaz de las torpezas más sublimes. El resultado es un tipo de personaje que a muchas mujeres nos hace babear como si fuéramos bobas.

¿Alguna pega? Que resulte demasiado blandito o demasiado torpe como para apreciar la joya que, probablemente, se esconda detrás.

Ejemplos: Siempre me viene a la cabeza el personaje de Hugh Grant en 4 bodas y un funeral, no lo puedo remediar. Pero en clave más literaria tenemos a Mr. Darcy, de Orgullo y Prejuicio, de Jane Austen. O al Mark Darcy, de El Diario de Bridget Jones, ambos interpretados, por cierto, por Colin Firth, otro actor que se ha ganado a pulso ese prototipo de personaje masculino.
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Mujer, esposa, madre ¿el orden de los factores, altera el producto?

Mujer, esposa, madreNo debería, pero en mi caso, creo que sí. Ha habido etapas de mi vida en las que me he sentido más esposa (o pareja, da igual), en otras me he sentido más madre; y más recientemente, predomina el sentimiento de ser mujer o simplemente, el poner más atención en mí misma.

Lo realmente sano y saludable sería que no predominara ninguno, que convivieran todos en buen equilibrio y armonía: siempre necesitas un espacio para ti, necesitas un espacio con tu pareja, y estar ahí cuando tus hijos te necesitan, que ahora ya es mucho menos.

Lo que ocurre es que todo esto no es tan fácil de gestionar cuando entra en juego la vida cotidiana, las obligaciones, nuestras responsabilidades –las que tenemos y las que nos cargamos a la espalda– y nuestros sentimientos de culpa. Todo cuenta para inclinar la balanza a un lado u otro. Y, en mi caso, el primer sombrero que me solía quitar sin ningún problema era el de mis propios intereses y aficiones. Y la verdad es que, si soy sincera conmigo misma, no tengo esa sensación de haberme perdido nada. ¿Podría haber hecho cosas que me apetecían más? ¿Podría no haber dejado de lado aficiones que tenía, como escribir? Seguro que sí, pero no lo considero una renuncia. Fue una elección. Tenía suficiente con dedicarme a mi trabajo, mis hijos y mi pareja.  Sigue leyendo “Mujer, esposa, madre ¿el orden de los factores, altera el producto?”

Amigas estupendas, imprescindibles y complejas

amigas_webMe he terminado estos días Un mal nombre, segundo libro de la Cuatrilogía  Dos amigas, de Elena Ferrante, que cuenta la amistad de Lenú (la narradora) y Lila, a lo largo de su vida desde su infancia en uno de los barrios más pobres de Nápoles. Me lo he leído incluso más rápido que el primero porque la historia se te agarra al pecho, te mantiene en vilo en cada una de sus 554 páginas, siguiendo el hilo de los sentimientos contradictorios de estas dos amigas,  y ya no te deja respirar hasta que termina en un ay, deseando correr a abrir el siguiente tomo y continuar leyendo.

Cuando leo un libro que me atrapa, me entra una curiosidad enorme por el autor/autora. De Elena Ferrante se sabe poco porque es un seudónimo que utiliza la escritora para ocultar su verdadera identidad, pero me llamó mucho la atención lo que decía en esta entrevista que le hicieron: al escribir, necesita descubrir que se acerca a la verdad en el relato. Si no es así, lo deja. Y la historia de Dos amigas suena tan verdadera, que parece como si fuera la suya propia.

Estas dos mujeres mantienen a lo largo de su vida una relación complicada en la que se entrecruzan familias, amigos, novios, aspiraciones individuales y colectivas del barrio en el que viven, y retrata con bastante profundidad una de esas amistades tan propia de nosotras, las mujeres, en la que Lenú y Lila se mueven del amor a la rivalidad, de la lealtad a la traición, de la envidia por los éxitos de la otra a los celos, al y yo más, o al no puedo estar ni contigo ni sin ti… Y esta historia me ha tenido rumiando varios días sobre la influencia que tienen algunas personas en nuestra vida, sobre la construcción de la propia identidad, o sobre cómo nos vemos reflejadas en las miradas de los demás.

Dicen que nunca antes de esta trilogía la amistad entre dos mujeres había sido el tema central de una novela, ¡con el juego que damos! Más allá de los tópicos que aparecen de vez en cuando en las películas, creo que las mujeres tenemos un universo propio y rico de amistades y sentimientos entre nosotras sin los que no podemos vivir. ¿Os imagináis qué sería de nosotras sin nuestras amigas?

No sé si habéis tenido alguna vez una amistad de amor/rivalidad, como la que cuenta este libro. Yo sí. Fue hace mucho tiempo, con la que fue mi mejor amiga durante la infancia-primera adolescencia: una niña guapísima, simpática, deportista, que servía de ejemplo continuamente a los que me rodeaban, mientras que lo poco en lo que yo conseguía destacar era en mis calificaciones. La admiraba y al mismo tiempo, la envidiaba. Y quizás ella me envidiaría a mí otras cosas porque pasábamos de ser “las mejores amigas del mundo” a “enfadarnos para siempre” en cuestión de minutos. Ya en el instituto, nos distanciamos. No sé por qué, pero al igual que Lenú en algunos momentos del libro, sentía que era mejor para mí alejarme de ella e intentar reafirmarme yo misma, tal y como era, sin compararme constantemente con ella. Y finalmente, cuando mi familia se mudó a vivir fuera un año, perdimos el contacto definitivamente.

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Hace un tiempo alguien me preguntó cuántas amigas “de verdad” tenía, de esas a las que se lo cuentas todo.  Lo pensé unos segundos y le respondí que como doce o trece. Y esa persona me dijo: no, digo amigas de verdad; amigas de las que se cuentan con los dedos de una mano. Reduje el número bastante, pero en realidad, era mentira. Lo cierto es que tengo suerte: tengo una buena lista de “amigas de verdad” que he ido sumando a lo largo de mi vida y que aún no descarto seguir aumentando. Sigue leyendo “Amigas estupendas, imprescindibles y complejas”

11 cualidades que me gustan de un hombre

Captura de pantalla 2015-12-09 a las 11.01.58Hace tiempo leí un artículo escrito por una mujer madura sobre las 11 cosas deseables en un hombre cuando ya has superado hace bastante tiempo la ceguera de los 20 años y tienes la suficiente experiencia como para tener un criterio más asentado.  Lo tenía guardado como “inspiración” para escribir mi propia lista de las cosas que a mí me gustan en un hombre ahora que yo también he llegado a los cuarenta y tantos (a propósito de mi anterior post de la semana pasada sobre los protagonistas de las novelas románticas).

Sin embargo, cuando terminé de releerlo hace un par de días con el fin de empezar a escribir mi post, lo único que pude decir es: Amén. No puedo añadir ni quitar una coma de las cualidades que incluye esta lista, tan claramente explicadas. Suscribo cada una de ellas, y por más que lo pienso, no se me ocurre nada más que añadir, así que lo único que puedo hacer es transcribirlas aquí:

“Cuando ves a un hombre, ¿en qué te fijas primero?

Estuve un momento pensándolo. ¿En los ojos? ¿El pelo? ¿La sonrisa? ¿Los hombros? No, ninguna de estas respuestas me encajaba. Cuando era más joven, me solían gustar los hombres altos, delgados y con el pelo oscuro. Pero ahora, a mis 52 años, no tengo un tipo de hombre concreto. Al menos, no un tipo de físico. Me atraen los hombres con una sensualidad palpable. Pero, entonces, me pregunté: ¿qué es lo que da a un hombre ese atractivo que se percibe cuando pasa?”

1. Fuerza. No me refiero a cuánto peso puede levantar tumbado, aunque unos buenos pectorales no hacen daño. Me refiero a la fortaleza interior. Una fuerza arraigada en un hombre que sabe quién es. No hay nada más sexy que un hombre con los pies en el suelo, consciente de los impulsos y la rabia que pueden haberle descarrilado de joven, y con una seguridad en sí mismo que expresa, sin arrogancia, que no tiene nada que demostrar.

2. Vulnerabilidad. Un hombre no puede ser fuerte si no es también vulnerable. Esto significa que es capaz de contarte lo que quiere, lo que teme, la forma en que le haces sentir, lo que ha cambiado, lo que ha superado, lo que puede con él. Sin transparencia, no hay verdadera intimidad, ese ingrediente que hace que el sexo siga siendo sensual cuando empieza a disiparse el subidón inicial de deseo.

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Paul Newman y Joanne Woodward

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