Indies, indepes, independientes

Teclas. Foto de Peter Lewicki.
Foto: Peter Lewicki, Unsplash

No niego que la palabra independiente posee un halo muy seductor. Nos mola ver películas indie o declararnos fans de algún grupo de música indie, voces propias que se distancian de las todopoderosas corporaciones cinematográficas o discográficas para defender su libertad creativa. En mi caso, ser autora indie lo vivo con cierta dicotomía: valoro lo bueno que tiene, pero en otros aspectos, me siento huérfana, en mitad de ninguna parte. (Y no, esto no va de política ni sus múltiples jardines, si es lo que estabas pensando).

Indie, término incluso más cool que independiente, evoca esa libertad individual que desde pequeños nos enseñan tanto a valorar aunque luego vayamos acotando sus límites según crecemos; huele un poco también a renovación, a salirse de caminos trillados, a irreverencia respecto a lo establecido ya sea por la tradición, el poder, o el mercado, da igual; y quizás lo más importante: implica la asunción de determinadas responsabilidades, te da control y poder de decisión sobre aquello en lo que has decidido ir por libre. Como autor/a, también renuncias a algunas cosas de las que, al principio, no eres del todo consciente.

Las razones que me empujaron a mí a auto publicar fueron sencillas: el mundillo de las grandes editoriales me parecía complejo, inaccesible, cerrado. Y me imponían mucho respeto (todavía me lo imponen, aunque ahora, relativizo y discrimino mis respetos). En aquel momento de mi primera novela yo solo quería probar, saber qué podía ocurrir. Amazon me permitía hacerlo, de forma fácil, intuitiva, rápida.

El entorno tecnológico no me suponía una barrera, he trabajado en él muchos años, así que el riesgo que asumía era pequeño. Por otra parte, siempre me ha interesado el trabajo editorial, a pesar de que sólo conozca una mínima parte, y reconozco que ha sido y sigue siendo apasionante aprender sobre los entresijos de ese proceso, aunque sea en el marco de la plataforma de Amazon.

Entonces, ¿a qué viene esto?

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Aprendizajes del Concurso de Autores Indie 2016 de Amazon

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Ya, ya. Esta no es una entrada propia de mi blog pero permitidme si me tomo la libertad de cerrar así mi participación en el Concurso de Autores Indie 2016 de Amazon.

Esta semana hemos conocido las novelas finalistas a esta 3ª edición del concurso organizado por Amazon en colaboración con el diario El Mundo. Cinco novelas escritas por cinco mujeres; algo curioso, cuando menos.  Tres autoras españolas y dos autoras latinoamericanas (sí, el concurso es de ámbito hispanoamericano).

Así pues, ahora que ya ha finalizado para la mayoría de nosotros el concurso, he intentado hacer un ejercicio de recopilación de aprendizajes, consejos o reflexiones mías y de otros compañeros que han participado, por si sirve de algo a aspirantes de próximas ediciones.

El previo: afila tus herramientas…

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De apuntes, diarios y libretas de escritores

libretaslomoPoco antes del verano me encontré en el salón de mis padres un cuaderno de esos de colegio que hojeé por encima y cerré en cuanto me di cuenta de que había páginas enteras escritas con la letra de mi madre. Al verme con él en la mano, mi madre me dijo que era su diario de recuerdos. Que escribía un ratito cada día sobre lo que había hecho dos o tres días antes, porque se lo había recomendado su doctora como prevención contra la demencia senil o el Alzheimer. En mi familia, la memoria es un asunto delicado. En su cumpleaños le regalé una libreta preciosa de la firma Paperblank en las que da gusto escribir. Al menos, a mí.

Me encantan las libretas. Toda mi vida he tenido una cerca. La primera fue a los nueve años, un diario en piel verde que me regalaron por mi comunión y donde empecé a escribir con una constancia que asusta a esa edad, hasta los diecisiete años. Supongo que en esa época los diarios son el diálogo que mantienes contigo misma en la construcción de tu identidad. Los he releído no hace mucho y  me asombré de ver la evolución desde aquellos pensamientos infantiles tan ingenuos y sencillos, a los más enrevesados, maduros e íntimos de la adolescencia.

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4 prototipos de protagonistas masculinos que nos enamoran

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Mr. What else?

El libertino seductor

Guapo, atractivo, ingenioso, elegante, adulador, con auténtica alergia al compromiso… todo un experto en el arte de  seducir a una mujer para satisfacer sus instintos más bajos (dicho esto en el sentido de su ubicación corporal). Deseable y deseado por todas, se ha pasado la vida saltando de cama en cama, haciendo de su habilidad sexual todo un reclamo para mujeres de todo tipo y condición… hasta que llega ELLA. La horma de su zapato. La que se resiste (un poquito, al menos) a sus encantos. La que conseguirá enamorarlo de tal manera, que renunciará a todas las demás por el amor de ella (en mayúsculas). Y no sólo eso: una vez reconvertido en hombre comprometido y fiel, será el esposo, amante y padre perfecto forever and ever.

¿Alguna pega? Ninguna, salvo que la cabra tire al monte (aunque nunca jamás nos lo creeríamos de él)

Ejemplos: Will, de Beautiful Player, de Christina Lauren; o St. Vincent de El diablo en Invierno, de Lisa Kleypas. O Víctor de la Trilogía de Valeria de Elisabet Benavent, mi preferido.

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Colin, colin

El tímido y torpe

Podrá ser guapo o no, pero su mayor atractivo no reside en su físico sino en su forma de ser. Es un personaje de nobles sentimientos, inteligente, sensible, tímido y…sí, un poco torpe a la hora de manejarse con las mujeres. Llamadlo inseguridad, miedo o falta de habilidades sociales, como queráis. (También entrarían en esta categoría los frikis contemporáneos). Pero no nos engañemos. La mujer que consiga traspasar esa coraza, descubrirá la verdadera naturaleza de este hombre: tierno en cada detalle hacia su amada, apasionado en la cama y un romántico empedernido capaz de las torpezas más sublimes. El resultado es un tipo de personaje que a muchas mujeres nos hace babear como si fuéramos bobas.

¿Alguna pega? Que resulte demasiado blandito o demasiado torpe como para apreciar la joya que, probablemente, se esconda detrás.

Ejemplos: Siempre me viene a la cabeza el personaje de Hugh Grant en 4 bodas y un funeral, no lo puedo remediar. Pero en clave más literaria tenemos a Mr. Darcy, de Orgullo y Prejuicio, de Jane Austen. O al Mark Darcy, de El Diario de Bridget Jones, ambos interpretados, por cierto, por Colin Firth, otro actor que se ha ganado a pulso ese prototipo de personaje masculino.
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Novelas románticas, ¿sex o no sex?

romanticismosexo_baja¿Deben tener sexo explícito las novelas románticas o no? ¿Cuánto? ¿Cómo? ¿Hasta dónde contar? Y más aún…¿es posible una novela romántica sin sexo? (¡Ojo! que no hablo de novela erótica, donde sí debe haber sexo explícito.)

Esas fueron las “trascendentales” preguntas a las que me enfrenté cuando estaba escribiendo La estúpida idea de dejarte marchar y la cosa llegaba al momento decisivo. Ay. No veáis lo difícil que es para una escritora primeriza enfrentarse a este momento sin un buen gin-tonic al lado. Porque a ver:

¿Qué cara iba a poner mi madre, mi tía, mis primas, cuando lo leyeran?
¿Y si algún día mis hijos tenían la curiosidad de leerlo?
¿Como iba yo a mirarle a los ojos a mi jefe si se enterara de que yo escribo “estas cosas”?

Pues eso.

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Inspirar, excribir

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Hasta ahora no había pensado en la palabra inspirar pero hace un par de días, leyendo un artículo, la miré con ojos nuevos. Y al hacerlo me he dado cuenta de que significa tomar aire, oxígeno, hincharse por dentro para luego expirar, respirarlo todo. Lo hacemos de  manera automática, pero a veces, decidimos hacerlo conscientemente, con el cuerpo alerta.

Es un proceso muy revelador del mismo proceso creativo: inspirarse en todo lo que ves alrededor (gente, momentos, objetos, libros, imágenes, sabores…), asimilarlo y filtrarlo a través de ti (de tus emociones, de tu conocimiento, de tu vida), y respirarlo después, ya sea en forma de texto, de arte, de música, de platos de cocina, de lo que sea. En mi caso es de escritura, de palabras.

En realidad, creo que la inspiración y la creatividad están idealizadas. Todos tenemos momentos creativos, aunque no sean necesariamente “artísticos”. Todos tenemos ideas fugaces que se pasean por nuestra mente como Pedro por su casa, y podemos optar por dejarlas pasar o agarrarlas y exprimirlas. El que se conviertan en algo más que una idea depende de la “transpiración”, como decía Picasso, de sudar la gota gorda, vamos. De trabajar mucho para desarrollar esa idea inicial.

A veces pasamos por épocas muy creativas (la infancia, la juventud), y otra veces por épocas muy terrenales, en las que dejamos de mirar alrededor y nuestro radar es de miras muy cortas, por las razones que sean.  Siempre estamos a tiempo de recuperar esa capacidad de mirar alrededor y sorprendernos con lo que vemos (en mi opinión,  ese es el primer paso para “inspirarse”), con curiosidad o como si lo viéramos con los ojos de un niño. Creo que más que difícil, es una especie de entrenamiento que mejora con la práctica.

¿Qué me inspira a mí?

Me inspiran los libros y las palabras. Las buenas historias, las que te trasladan a un sitio distinto o las que te dejan con un reconcome interno varios días; las citas o pensamientos que de repente encuentro por ahí. No tienen por qué ser poéticas. Simplemente, verdades o emociones auténticas. Y como en este blog hablo mucho de mujeres y de libros, del último año podría mencionar libros de distintos registros como “la Trilogía de Nápoles”, de Elena Ferrante, de la que ya he hablado, o “Cómo se hace una chica”, de Caitlin Moran, o “También esto pasará” de Milena Tusquets, y en clave romántica, alguno de Marian Keyes, o de Courtney Milan, o de Elisabet Benavent. También sigo algunos blogs como Nada Importa, Café desveladoJune Lemon o Crush Cul de Sac, por ejemplo.

Me inspira el café. Me siento con una taza de café entre manos y es como si le diera a un interruptor: comienzo a divagar caótica y plácidamente.

Me inspira la gente en momentos cotidianos: alguien en quien me fijo mientras espero en la cola del supermercado, o una pareja que parece discutir en un parque, o una ventana iluminada en una casa a través de la que se ve un trocito de salón.

Me inspiran las buenas conversaciones, esas que te ponen las pilas y parece que encadenas ideas, que te abren la mente, que de repente, dices cosas que ni siquiera sabes que sabías. Tan estimulantes, tan escasas.

Me inspira la belleza en general, en la naturaleza, en el arte, en la música, en las ideas, en los objetos. Estoy intentando recordar dónde o a quién se lo he leído hace poco pero decía algo así como que la condición humana necesita de la belleza –crearla, recrearla, contemplarla– para vivir y saber que siempre podremos ser más grandes.