Mil historias a través de sus ojos: Raquel Chicheri

Relax | Foto: Raquel Chicheri
Escribiría más de una minihistoria a partir de esta foto de Raquel Chicheri

A Raquel Chicheri la descubrí a través de la web de Hello Creatividad! donde entro de vez en cuando a curiosear alguno de sus talleres o actividades, siempre muy inspiradoras. Hace unos meses, en una de esas incursiones,  me llamó la atención una de sus fotos.  Me impactó por su fuerza, la luz, la expresividad. Algo que está en el resto de su fotografía, como comprobé en seguida en su web.

Muchas son imágenes de niños captadas en momentos cotidianos  que se convierten en mágicos cuando los pasa por el filtro de su obturador. Click, click y zas: las algas nos hacen cosquillas en la espalda. Click, click y zas: hoy me siento spiderman. Correrías y complicidades de una niñez feliz, como debe ser.  Sigue leyendo “Mil historias a través de sus ojos: Raquel Chicheri”

Todo cuanto amé en 2016

Un año intenso, este 2016 al que ya hemos dado carpetazo y olvido. Yo todavía estoy cerrando flecos, recuperando notas, aquilatando lo vivido. Mucho. Y vuelvo a echar mano de mi apreciada Siri Husvedt a quien robo una vez más el título de una de sus novelas, para condensar doce meses de viaje personal, con las sensaciones a flor de piel. Sin orden ni concierto, esto es todo cuanto amé en 2016:

Ese estado de hervidero interno constante. De dudas y certezas. Los desvelos creativos en mitad de la noche. Los intentos fallidos. Los prometedores.

Ese acto íntimo, el de escribir que decía Marta Fernández, el de entregarse a las palabras como el que se abandona en un cuerpo ajeno. Y el de atraparlas cuando se te escurren en el camino que va de la cabeza a los dedos. Dudando de todo, hasta de si aceptas solo sin acento (qué remedio). El masoquismo creativo de padecer gozando o gozar sufriendo.

Saltar de la cama, feliz, sea la hora que sea. El primer café. Y los dos o tres siguientes. Atisbar el día que hará a través de la cortina. Mi desayuno en silencio y el primer abrazo de la mañana de un adolescente adormilado. Que se nos hagan mayores y vernos en ellos. Que me sorprendas, todavía.

La Central en Madrid, y el despliegue de notas en una pequeña mesa esquinera de su café (¿te acuerdas?) El tacto de mi Kindle nuevo, su luz cuando todos duermen. Buscar refugio en los libros, y encontrarlo en un buen puñado: en Diarios de Gil de Biedma —«Escribir no salva, como creían Proust et alia y como desearíamos todos, pero sí que alivia», dice entre sus páginas—, y en alguno de sus libros de poemas (inevitable leerlos, después de amar sus intimidades y obsesiones); después vendrían el discurrir de la vida de Dos amigas en los cuatro libros de Elena Ferrante; la ternura desolada de Intemperie, de Jesús Carrasco; la fantasía de El nombre del viento y El temor de un hombre sabio, de Patrick Rothfuss, hasta llegar, in extremis, las últimas semanas de diciembre, al doloroso Tan poca vida, de Hanya Yanahigara. Y entre medias, otros muchos, pero sobre todo, las novelas románticas que tanto me gustan y que reseñé a menudo en este blog.
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3 hallazgos de noviembre: de planes, jabones y cenas

Como parte irrenunciable de mi alma inquieta siempre estoy a la caza de planes interesantes, lugares diferentes en los que conocer a personas con otros intereses distintos a los míos o quizás similares, pero con otras vivencias de las que aprender. Fruto de esas exploraciones me topo con muchas cosas variopintas, algunas mejores, otras peores, otras que son más de lo mismo. A menudo tengo la sensación de que leo, veo, escucho las mismas ideas aunque presentadas con un envoltorio distinto, así que me hace ilusión compartir pequeñas iniciativas originales que me sorprenden por algo, como estas de las que hablo aquí.

captura-de-pantalla-2016-11-09-a-las-12-24-49Mi petit madrid

Lo conocí a través de una amiga que conoce a una de las fundadoras de esta web que te ayuda a descubrir todos esos pequeños rincones secretos de Madrid: lugares, propuestas y planes por temáticas y para todos los públicos. Hay un Petit Madrid Goumet, un Petit Madrid de niños, uno de cultura, y de slow life, y de moda y belleza… y también un Petit Madrid por estaciones, y por semanas, y por findes… Un Madrid a la carta en el que te pierdes entre un sinfín de ideas para hacer… ¡y luego nunca haces! Sigue leyendo “3 hallazgos de noviembre: de planes, jabones y cenas”

Las canciones de mi vida (I)

Todos guardamos una lista de canciones memorables, esas que sonaron en momentos significativos de nuestra vida y se han quedado ahí, en el almacén de la memoria más duradera, la que nos acompaña hasta el final. La primera fiesta de nuestra adolescencia en la que bailamos con el “chico que nos gustaba”, un concierto de rock de uno de tus cantantes favoritos, una noche en blanco en casa de una amiga, lo que sonaba en aquel coche en que nos perdimos un verano por Asturias,  la canción de nuestro desamor, y la del siguiente amor, y las muchas que escuchaste a a solas en tu cuarto, y la de alguna que otra decepción… ¡hay tantas!

He dedicado un buen rato a bucear por Spotify y Youtube en busca de aquellas canciones que formaron parte de mi primera juventud y que todavía hoy cuando las escucho, me traen imágenes y sensaciones de entonces. Ese es el gran poder de la música, parecido al de esos olores que nos trasladan, como en un tobogán, hacia un momento de nuestro pasado.

África, de Toto

La asocio a un verano precioso de mis quince o dieciséis años en el pueblo, cuando cada tarde nos reuníamos la pandilla en casa de mi amiga Mamen a escuchar música y hablar, todos desperdigados por el suelo,  y esta canción sonando una y otra vez.

Y de esos años, la primera canción lenta que bailé con un chico en una fiesta: All out of love, de Air Supply. Yo, tensa como un palo. Muerta de vergüenza. Ahora puede sonar empalagosa, pero en aquellos momentos, nos parecía de lo más romántica.  Sigue leyendo “Las canciones de mi vida (I)”

Inspiraciones para una portada

En cualquier libro, pero sobre todo en estos tiempos de sobreabundancia de publicación, la portada (o cubierta, que sería el término correcto) es casi lo más importante para destacar entre la inmensa oferta de títulos y llamar la atención de un posible lector/a, sobre todo si eres una auténtica desconocida, como es mi caso.  El primer impulso de compra de un libro llega de la portada.

Además, si tu librería va a estar online (Amazon, por ejemplo), ya ni te cuento: tu novela la verán, si es que la ven, entre otras mil, en la pantalla del ordenador en el mejor de los casos, o de móvil, en el peor, y al tamaño de tu pulgar.

Así que la portada tiene que ser la bomba: llamativa, atractiva, original, sugerente, con aspecto profesional…  En fin. Es muy complicado. O me lo parece a mí, que no me dedico a eso aunque me guste meter baza como autora/madre de la criatura. Por eso creo que debe hacerla siempre un profesional. Es una inversión que  merece la pena.

Crear la portada de “El mapa de mi piel”  nos dio muchos quebraderos de cabeza, sobre todo a mí, que tenía una idea concreta en mi cabeza que mi diseñador (mi santo, porque lo es) no terminaba de ver. Él me decía que mi idea no funcionaba en el formato de una cubierta y me presentó varias alternativas que a mí no me encajaban para nada.

Y yo, erre que erre. Seguía insistiendo en mi idea, que cada vez era algo más difusa (o confusa, abstracta, inviable, según él). Cada día le bombardeaba el correo con fotos, imágenes, dibujos o lo que fuera que me pareciera inspirador para su proceso creativo.
Imágenes como estas que he recopilado aquí, que me siguen pareciendo preciosas y sugerentes.


Quería piel, flores –en realidad, confieso que quería el tatuaje de una enredadera en el costado, como el que luce mi protagonista–, fuerza, positivismo.

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De apuntes, diarios y libretas de escritores

libretaslomoPoco antes del verano me encontré en el salón de mis padres un cuaderno de esos de colegio que hojeé por encima y cerré en cuanto me di cuenta de que había páginas enteras escritas con la letra de mi madre. Al verme con él en la mano, mi madre me dijo que era su diario de recuerdos. Que escribía un ratito cada día sobre lo que había hecho dos o tres días antes, porque se lo había recomendado su doctora como prevención contra la demencia senil o el Alzheimer. En mi familia, la memoria es un asunto delicado. En su cumpleaños le regalé una libreta preciosa de la firma Paperblank en las que da gusto escribir. Al menos, a mí.

Me encantan las libretas. Toda mi vida he tenido una cerca. La primera fue a los nueve años, un diario en piel verde que me regalaron por mi comunión y donde empecé a escribir con una constancia que asusta a esa edad, hasta los diecisiete años. Supongo que en esa época los diarios son el diálogo que mantienes contigo misma en la construcción de tu identidad. Los he releído no hace mucho y  me asombré de ver la evolución desde aquellos pensamientos infantiles tan ingenuos y sencillos, a los más enrevesados, maduros e íntimos de la adolescencia.

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10 canciones de amor en “La estúpida idea de dejarte marchar”

Para escribir, yo necesito el silencio. Como mucho, algo de música instrumental muy bajita de fondo: jazz, clásica… poco más.

Sin embargo, según escribía algunas escenas de “La estúpida idea de dejarte marchar”, me venían a la cabeza algunas de las canciones de amor que más me gustan y sobre la marcha, las incluía en la narración.

Como suele ocurrir, luego fui eliminando varias en las sucesivas revisiones que hice porque o bien me parecía que ya había varias sobre lo mismo o bien no me parecían tan apropiadas. También hubo alguna que busqué exprofeso, porque pensé que reflejaba muy bien lo que querían expresar los personajes.

He pensado que puede estar bien recopilar aquí las 10 canciones de amor que acompañaron la historia de Julia y Lucas a lo largo de la novela. No son todas las que están, pero sí son todas las de amor.  (Y no están en orden, para no dar pistas)

1. The One and Only, Adele

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3 hallazgos de marzo: de vivir 50, de poetisas y despertares

Captura de pantalla 2016-03-09 a las 11.52.10Vive 50. La libreta de los 50 retos

Los 50 son un año especial para la mayoría de nosotras. Algunas lo llevan bien y otras, peor. Espero llevarlo muy bien cuando me toque pero, por si acaso, ya me he apuntado la idea que se le ocurrió a Neus Arqués (escritora y analista digital) para celebrar y disfrutar al máximo de ese año: proponerse cincuenta experiencias, cincuenta sueños a realizar a lo largo de esos doce meses. Encuentros, retos, viajes, lo que sea que te motive a ti. Dice que el resultado fue espectacular (y me lo creo). Aprendió muchísimo, se lo pasó fenomenal, y luego, compartió la idea con otras amigas. De ahí surgió Vive Cincuenta”, una libreta con instrucciones prácticas, en forma de ideas, sugerencias o preguntas para cumplir esos cincuenta sueños, que ella vende en su web, aunque supongo que si eres imaginativa y le dedicas un ratito, te serviría cualquier libreta en la que apuntar y guardar después las experiencias. Yo me lo imagino como una especie de Scrapbook, en el que quedaran plasmados con todo tipo de detalles (textos, fotos, objetos) los mejores recuerdos de ese año.

Cien de Cien y todas imprescindibles

Con este hallazgo he hecho un poco de trampa porque lo conocí hace un tiempo pero quería compartirlo con vosotras igualmente. Cien de Cien es un proyecto (también se edita en papel, Ed. La Bella Varsovia)  impulsado por la joven poeta Elena Medel, empeñada en rescatar y reunir poemas de mujeres poetas españolas del siglo XX que fueron olvidadas o, que según ella, no recibieron el reconocimiento que se merecían. Os sorprenderá la cantidad de mujeres poetas que han pasado desapercibidas en este país, y también la calidad de sus poemas. A mí me gustan muchas, Susana March, Pino Betancor , Blanca Sarasúa, María Cegarra, y tantas otras que he descubierto aquí. Mi enhorabuena a Medel por el esfuerzo y el enorme trabajo que debe haber detrás.
Reproduzco un poema de Pino Betancor (Sevilla, 1928 – Las Palmas de Gran Canaria, 2003) Sigue leyendo “3 hallazgos de marzo: de vivir 50, de poetisas y despertares”

Mujeres invisibles

La semana pasada ví “Sufragistas”, una película imprescindible (os la recomiendo) para recordar cómo hemos llegado las mujeres hasta aquí y lo que queda por hacer.  La película trata sobre la conversión de una mujer normal en una activista por el derecho al voto de las mujeres en la Inglaterra de 1924, cuando su capacidad para decidir sobre su vida, su cuerpo, sus hijos o sus batallas, eran muy limitadas.

 

Hay un libro de Courtney Milan, una de mis autora favoritas de novela histórica romántica, en el que la protagonista es una sufragista que, en un momento dado de la historia dice que sufragista hay que pronunciarlo siempre entre exclamaciones: ¡soy sufragista!

Y es que tenía mérito ser sufragista en aquellos tiempos en que ni las propias mujeres creían ser merecedoras de derechos. Todas las luchas a contracorriente son difíciles e incomprendidas.

A veces, se nos olvidan todas esas mujeres invisibles de la historia ¿verdad? Las Hipatías de Alejandría, las Heddy Lamarr (inventora de radiofrecuencia), Rosalind Franklin (biofísica, clave en la comprensión del ADN), las Camille Claudel y Helena Sorolla (ambas escultoras, hermana e hija de conocidos artistas),  las Zenobias Camprubí (lingüista y traductora, esposa de Juan Ramón Jiménez), las Concepción Arenal, las Claras Campoamoro o las Marie Curie, entre otras muchas miles que han pasado desapercibidas por la figura predominante de los hombres.

Gracias a todas ellas hemos llegado hasta aquí. (Y lo que queda)

(Y puestas a recomendar películas “feministas”, aprovecho para mencionar Ángeles de Hierro, también sobre la lucha por la igualdad de las mujeres aunque en EEUU,  de la que habla muy Sandra Ferrer en su blog. No la he visto, pero me la he apuntado).

 

3 hallazgos de enero

En estas primeras semanas de enero he llegado a tres “descubrimientos o hallazgos” que, por distintas razones, me han llamado mucho la atención y los he ido apuntando para volver sobre ellos y compartirlos aquí.
Hoy es el día.
Uno tiene que ver con encontrar “tu estilo”, otro con un gran desconocido para mí, y otro con un plan estupendo por Madrid. Me explico:

El estilo que te hace feliz.
Uno de mis propósitos recurrentes e incumplido de forma sistemática en años anteriores era “arreglarme más y ser más coqueta”. Porque no lo soy en absoluto. Al vestirme, prima la comodidad (vaqueros cómodos, zapatos planos rápidos de quitar y poner) y lo que tenga a mano, antes que verme bien. Mi estilo, casual total. Casual en el sentido de que me pongo lo que encuentro casi “por casualidad”en mi armario.

Me cuesta mucho ir de compras.
Me cuesta mucho dedicar tiempo a elegir mi ropa.
Me cuesta mucho darle importancia a mi aspecto externo.

Por más que lo intente, alinear esa forma de ser con el reconocimiento de que, con el paso de los años, debo cuidarme más para no parecer una “bruja” precoz, no funciona. Así que cuando descubrí la web de Andrea Moretti “El estilo que te hace feliz”, en el que da sencillos consejos de sentido común para encontrar o sacarle el mejor partido al estilo que te hace feliz (que, en mi opinión, no es otro que ser tú misma), me encantó.

Los consejos, llamados “Pistas de Estilo”, están en su web, pero también los ha reunido en un libro muy bonito y vistoso. A mí no todas sus pistas me valen, pero entre las cientos que tiene, he escogido las que más resuenan en mí, y las estoy adoptando poco a poco.

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Pero ¿quién era este hombre? Mariano Fortuny
Documentándome para una nueva historia que estoy empezando a escribir, esta semana visité el Museo del Traje de Madrid y ¡oh, sorpresa! llegué a una vitrina donde se exhibía una reducida colección de vestidos maravillosos diseñados por un tal Mariano Fortuny (sí, el pintor de principios del siglo XX, también grabador, fotógrafo, diseñador textil y diseñador de moda… un personaje muy desconocido para mí), que al parecer, fue el gran innovador en tejidos y diseños de moda en aquellos años. En cuanto llegué a casa, me puse a buscar quién había sido exactamente Fortuny, y no podía salir de mi asombro cuando leía todo lo que había hecho en su vida, su creatividad, su talento … me ha fascinado.

 

Las “Sin Sombrero”
Y por último, también fruto de mis pesquisas documentales, esta semana me llamó la atención una visita guiada por Madrid titulada “Mujeres del siglo XX. La llegada del cambio”, un recorrido por las mujeres más modernas de finales del XIX y principios del XX. Ya sólo por conocer quiénes eran las del té sin acompañante, las “sin sombrero”, las lyceómanas y las mujeres de café, me apetece un montón hacerla.

La visita está prevista para el sábado 6 de febrero con la Asociación Carpetania de Madrid.

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Se llamó así a las mujeres artistas, escritoras e intelectuales de la generación del 27