Intercambios (microrrelatos #1)

Intercambio microrrrelato
Imagen original de Sam Manns en Unsplash.

Se las arregló para cambiarme mi mochila negra estampada de flores tropicales, por la suya rosa de corazones. Nunca entendí que prefiriera mi Barbie veterinaria a su Barbie princesa, ni que se empeñara en que nos prestáramos la ropa como si fuéramos hermanas. Así fue cómo ella se hizo, al final, con mi sudadera verde.

Decía que nos lo teníamos que intercambiar todo; todo menos los novios. En eso, ella se las apañaba sola, mientras que yo…

Un día conocí a Nacho, en la biblioteca. No era guapo,  le quedaban marcas de acné en la cara y era delgaducho, pero tenía una sonrisa preciosa que asomaba tímidamente cada vez que se encontraban nuestras miradas. Un tiempo después me invitó al cine y a cenar en una hamburguesería de barrio. Nos besamos a oscuras en mi portal, eso fue otra noche.

Unas semanas después me dijo que estaba loco por mí y yo le confesé a mi amiga que también estaba loca por él, que era el chico más guapo y tierno del mundo. Ella se rio de mí: «Anda ya, no seas ñoña», me dijo.

Ayer Nacho rompió conmigo. Me dijo que lo perdonara, que no sabía cómo había ocurrido, que el amor era así de loco y se había enamorado de otra chica. La rabia y mis gritos se me desinflaron entre las lágrimas incontrolables, y lo único que acerté a decir era que me encantaba su mochila negra de flores tropicales y esa sudadera verde que llevaba anudada a la cintura, tan a juego.

(Dedicado a Miguel Ángel, por sus sabios consejos)

 

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¿Qué es ficción y qué es realidad en las novelas románticas históricas?

Lámina de La Moda Elegante, revista femenina española. Junio de 1883.

Hace unos días, una lectora me preguntó si el personaje de Güell en El Indiano era el de verdad, y si ciertos datos eran reales. Le dije que sí, que el Eusebi Güell que aparece en mi novela es el que años después se convertiría en el conde Güell y principal mecenas de Gaudí.

Güell también era hijo de indiano, y yerno de Antonio López, marqués de Comillas, puesto que estaba casado con su hija Isabel, y pasó algunos veranos en la villa, al igual que otros personajes que menciono (el arquitecto y amigo de Gaudí, Cristóbal Cascante; Claudio López, segundo marqués de Comillas, y su joven esposa María Gayón —de quien dicen que Alfonso XII se quedó prendado de su belleza—; el escritor José María Pereda y Emilia Pardo Bazán, entre otros). Explico la mención a algunos personajes y eventos en un apartado de aclaraciones  históricas al final de la novela pero, claro, mi lectora  aún no había llegado allí.

Eso me dio qué pensar: ¿puedo decir que El Indiano es realmente histórica? ¿Hasta qué punto? ¿De qué depende? ¿Hay algún límite entre lo que es realidad y ficción? No os voy a aburrir con una explicación larga, tranquilas. Según he leído en el espacio dedicado a novela histórica de la Biblioteca Nacional (muy recomendable, por cierto), «las novelas históricas son aquellas que siendo ficción, recrean un periodo histórico lejano y en las que forman parte de la acción personajes y eventos no ficticios».  A partir de ahí, el escritor/a tiene libertad de creación, puede permitirse ciertas licencias. Aquí entrarían, por ejemplo, los Episodios Nacionales de Galdós.

La idea de El Indiano surgió de una visita familiar a Comillas en la que me enamoré de “El Capricho”. Me intrigó mucho la historia de su primer propietario, un abogado culto y solterón, amante de la botánica y la música, que le encargó el proyecto de su residencia a un joven arquitecto bastante desconocido todavía, Antonio Gaudí, por recomendación del marqués de Comillas. A partir de ahí, comencé a investigar y documentarme.

Los datos relativos a esa época, así como algunos eventos y personajes son reales porque me interesaba mucho recrear ese momento, sus ideas, la sociedad y la cultura.  Sin embargo, los protagonistas principales y secundarios son inventados, así como las tramas concretas en las que están inmersos. Muchas de las novelas actuales de romance histórico —y las novelas históricas a secas, también— siguen este esquema que entremezcla realidad y ficción. Supongo  que porque al autor/a nos da bastante libertad para contar lo que queremos contar y hacerlo de una forma interesante para el lector/a.

Pero ¿cuáles son los principales problemas a los que se enfrenta un escritor/a al escribir una novela histórica? Mejor dicho, ¿a cuáles me he enfrentado yo? Sigue leyendo “¿Qué es ficción y qué es realidad en las novelas románticas históricas?”

Mi nueva novela, El Indiano, ya a la venta en Amazon

El Indiano, María Montesinos
¿A que es preciosa?

Se ha hecho esperar por mil razones pero todo llega a su tiempo y se pone en su sitio.  El Indiano, mi nueva novela, ya está aquí. Una historia de amor con trasfondo histórico ambientada en Santander a finales del siglo XIX, que empezó a resonar en mi cabeza con insistencia a raíz de una visita a Comillas.

Me pensé mucho si escribirla porque la histórica me imponía bastante respeto y no me veía yo en ese género, pero también es cierto que me gusta retarme a mí misma. ¿Por qué no iba yo a escribir una novela de amor histórica? Pues eso.

Sigue leyendo “Mi nueva novela, El Indiano, ya a la venta en Amazon”

Descubre mi nueva novela: El mapa de mi piel

PORTADA_EL-MAPA-DE-MI-PIEL_KINDLE

Sinopsis: 

A sus treinta y dos años, Celia ha sobrevivido a un cáncer de mama que se ha llevado por delante su teta izquierda. Y a su mejor amiga. Y el sexo con su novio. Y la comida basura —no todo tenía que ser malo—.Y una prometedora carrera profesional en un conocido bufete de abogados. Con el alta en la mano el regreso a la rutina parece sencillo. Sin embargo, pronto descubrirá que para recuperar las riendas de su vida, tendrá que poner patas arriba su armario, su trabajo y su relación. Celia quiere volver a sentirse viva, a amar y ser amada. Pero ¿cómo mostrarse ante los demás? ¿Cómo posar a pecho descubierto ante Leo, el fotógrafo responsable de la exposición en la que ha accedido a participar? ¿Cómo vencer el miedo al rechazo? O peor aún… ¿cómo aceptar que alguien la ame y desee quedarse a su lado?

Una historia íntima y positiva sobre las segundas oportunidades, sobre lo que perdemos y lo que ganamos cuando la vida nos pone a prueba. Porque como dice Celia: «Hay quien tiene un cáncer. Hay quien sufre un accidente de moto. Hay quien pierde a alguien o algo. Hay quien lo vive con veinte años. Y hay quien nunca se da cuenta».

Datos técnicos
Título: El mapa de mi piel
Precio: 2,99 €
Formato: Versión digital
Longitud (estimación): 379 páginas
Vendido por: Amazon Media EU S.à r.l

Cómpralo ya aquí para leerlo en cualquiera de tus dispositivos

El mapa de mi piel, presentado al Concurso Indie Amazon 2016

Ya está. Lo he conseguido.  He autopublicado mi novela El mapa de mi piel, en Amazon. Y la he inscrito al Concurso de Autores Indie 2016 que acaba de abrir el plazo de presentación de obras.

Desde que lo finalicé en septiembre de 2015, este libro ha pasado por varias fases: reposo, lecturas de lectoras-cero, correcciones, más lecturas, más correcciones, diseño de portada… un montón de trabajo del que no eres consciente hasta que tienes que hacerlo tú misma. Pero ha merecido la pena. Estoy muy satisfecha del resultado.

El mapa de mi piel comienza desde ahora su propia andadura ante vosotras, todas las lectoras que quieran sumergirse en esta pequeña historia  íntima y positiva, de segundas oportunidades en la vida, con mucho amor de por medio, que creo no os defraudará. A pesar de que no es una novela del género romántico, está más dirigida a mujeres que a hombres, para qué nos vamos a engañar. Y aunque leáis la palabra cáncer en la sinopsis, os animo a leerlo sin miedo. No es una novela sobre la enfermedad, puesto que la historia arranca cuando la protagonista recibe el alta médica y está limpia; es una novela sobre todo lo que te replanteas en tu vida cuando has pasado por una experiencia así,  escrita en clave positiva.

Os dejo aquí la sinopsis y los datos técnicos del libro.

PORTADA_EL-MAPA-DE-MI-PIEL_KINDLE

Sinopsis: 

A sus treinta y dos años, Celia ha sobrevivido a un cáncer de mama que se ha llevado por delante su teta izquierda. Y a su mejor amiga. Y el sexo con su novio. Y la comida basura —no todo tenía que ser malo—.Y una prometedora carrera profesional en un conocido bufete de abogados. Con el alta en la mano el regreso a la rutina parece sencillo. Sin embargo, pronto descubrirá que para recuperar las riendas de su vida, tendrá que poner patas arriba su armario, su trabajo y su relación. Celia quiere volver a sentirse viva, a amar y ser amada. Pero ¿cómo mostrarse ante los demás? ¿Cómo posar a pecho descubierto ante Leo, el fotógrafo responsable de la exposición en la que ha accedido a participar? ¿Cómo vencer el miedo al rechazo? O peor aún… ¿cómo aceptar que alguien la ame y desee quedarse a su lado?

Una historia íntima y positiva sobre las segundas oportunidades, sobre lo que perdemos y lo que ganamos cuando la vida nos pone a prueba. Porque como dice Celia: «Hay quien tiene un cáncer. Hay quien sufre un accidente de moto. Hay quien pierde a alguien o algo. Hay quien lo vive con veinte años. Y hay quien nunca se da cuenta».

Datos técnicos
Título: El mapa de mi piel
Precio: 2,99 €
Formato: Versión digital
Longitud (estimación): 379 páginas
Vendido por: Amazon Media EU S.à r.l

Cómpralo ya aquí para leerlo en cualquiera de tus dispositivos

Cruzarnos de nuevo

Aunque la noche, conmigo,
no la duermas ya,
sólo el azar nos dirá
si es definitivo.

Jaime Gil de Biedma (Moralidades)

aeropuertobjaEsa mañana vi amanecer en el aeropuerto. Lo recuerdo bien, aquel cielo degradado en lila que capté con mi móvil. Pero cuando me bajé del taxi con mi maleta a cuestas, todavía era de noche en Madrid, y la Terminal 4 parecía una estación espacial en la que nos deslizábamos somnolientos –y trajeados, eso sí–, por pasillos interminables mirando al infinito. El infinito, muchas veces, adopta formas extrañas ante nuestros ojos: complicadas gráficas, objetivos que cumplir, una lista de aspiraciones truncadas o las curvas de un cuerpo amado abandonado entre las sábanas. Nunca se sabe, realmente. Los aeropuertos tienen eso; provocan en nosotros un cosquilleo de desasosiego incómodo; una incertidumbre extraña.
El altavoz de la terminal anunció la última llamada para el señor x y la señora z en su vuelo a Lisboa, próximo a despegar. Paseé la vista por las personas sentadas a mi alrededor, la mayoría absortas en sus móviles; sólo alguno dormitaba.

—¿Olivia? ¿Oli? –Me giré al oír mi nombre al tiempo que mi corazón daba un vuelco. Reconocería su voz hasta debajo del agua.

Siempre supe que algún día nos volveríamos a cruzar, así, por casualidad. En el lugar más inesperado –al volver una esquina, o en un puente colgante en la jungla, o en un café de Nueva York–, daba igual. Nos miraríamos a los ojos en silencio y nos reconoceríamos de nuevo, yo en él y él en mí. Y quizás entonces, ese sí fuera nuestro momento, al cabo de tantos años. Nos fundiríamos en un abrazo sin palabras en el que aspiraría hondo el olor que siempre me devuelve a su recuerdo, como si hubiera regresado a casa.

paisajenevado_bajaAl menos, así lo soñé durante los dos años que tardé en olvidarle. Sigue leyendo “Cruzarnos de nuevo”

Matapenas de amor en Tánger

Teteras
Kettle cc PnP! en Flickr

“Viajo para no volver atrás, para no llegar a ninguna parte, para habituarme a perder y a despedir: lugares, cosas, gente”.
Leila Guerriero

Un mes después de mi divorcio, mis amigas me plantearon organizar un pequeño viaje, un fin de semana largo, como celebración de mis lunas de hiel. Jamás había oído hablar de algo así.
—Lógico –replicó una de ellas, separada hacía cinco años. –Es la primera vez que te divorcias y no te mueves habitualmente en este ambiente. A partir de ahora, entras en el mundo de los separados, una soltería renovada pero distinta, ya verás.
Otra de mis amigas, ex separada, me aclaró lo que eran las lunas de hiel:
—Es el viaje de celebración del divorcio, Ana. Las de miel celebran el comienzo del matrimonio, las de hiel el fin. Se celebran con amigas porque se trata de hacerte olvidar el mal rollo de estos últimos meses, divertirse mucho, desmelenarse un poco y ayudarte a hacer borrón y cuenta nueva.

Yo no tenía cuerpo para salir a divertirme. Tampoco necesitaba desmelenarme como una adolescente para superar mi separación. Había ocurrido, y punto.

Diez años de matrimonio. Un gato en común. Un piso aún hipotecado. Un coche (un Audi que eligió él, no recuerdo cuál). Una única joya: un colgante con una mariposa de aguamarina, regalo de nuestro primer aniversario, que siempre llevo puesto. Tengo la manía de llevármelo a la boca en momentos como aquel, mientras resonaba en mi cabeza eso de borrón y cuenta nueva.

No es que estuviera triste, ni siquiera enfadada. El día en que él me lo explicó, lo entendí. Parecía algo muy comprensible, casi inevitable. Tenía una compañera en el trabajo con la que siempre se había llevado muy bien. Yo la conocí en una de sus cenas de empresa: era muy vistosa, simpática, atractiva. Noté que entre ambos había mucha complicidad. Una complicidad sana, un coqueteo ingenuo.

Durante una época yo llegaba muy tarde a casa del trabajo y él se quedaba a tomar algo con los colegas de la oficina (yo nunca le puse objeciones, al contrario; me parecía bien. Cuando él llegaba yo ya estaba dormida hacía rato). Debió ser una de esas noches cuando, sin proponérselo, se liaron. Ella también estaba casada, así que acordaron no volver a repetirlo, razón por la cual, él decidió que no merecía la pena contármelo. Sólo había sido la locura de una noche. Sólo sexo, sin ningún motivo concreto. Quizás fue la curiosidad por descubrir si esa complicidad se extendería al plano sexual, quizás fue que pronto cumpliría los cuarenta años. Además, yo estaba tan concentrada en el caso de estafa piramidal que me habían asignado en el bufete, que apenas si levantaba los ojos del ordenador.

Sigue leyendo “Matapenas de amor en Tánger”

Lee los 9 primeros capítulos de “La estúpida idea de dejarte marchar”

Captura de pantalla 2016-03-31 a las 22.36.46Julia es periodista, hábil con la pluma y las palabras, pero algo desastre en las cuestiones del amor. Se vuelve tan ciega, que tiende a tomar malas decisiones. Por ejemplo: caer rendida ante Fran, el más atractivo y prepotente de sus colegas, fue una pésima idea. Liarse con Carlos no estuvo tan mal, teniendo en cuenta que con él volvió a sentirse sexy y atractiva. Y enamorarse de Lucas, ese loco emprendedor que la persiguió hasta seducirla, fue lo mejor que le ha pasado en toda su vida. Sin embargo, todo se fastidió cuando, llegado el momento de la verdad, tomó la decisión de dejarlo marchar. Y ahora que ha regresado ¿cómo puede mirarle a los ojos sin arrepentirse una y mil veces?

Opinan las lectoras:

Me ha encantado y todavía tengo buen sabor de boca después de terminarlo. ¿Por qué me ha gustado? Porque es una historia romántica pero no sé por que, me ha resultado distinta a las típicas que he leído últimamente. Es muy fresca y actual. (…)

 

Me ha fascinado este libro. Lo he devorado en apenas dos dias. Me ha gustado mucho la forma de escribir.

Os dejo aquí enlace al fragmento con los 9 primeros capítulos de “La estúpida idea de dejarte marchar” que podréis leer GRATIS y descubrir si os interesa seguir leyendo o no.

Y si ya has decidido que te interesa, puedes comprarlo en este enlace a Amazon (1,99€)
 

Siempre nos quedará Facebook

Hace unos meses, una amiga me contó una historia curiosa que había vivido otra amiga suya a través de uno de esos portales de citas. Volví a casa dándole vueltas, imaginando si esto, si aquello, y entre estación y estación, se me ocurrió una historia alternativa que cuento aquí:

Muchos días se sentía una escoba al azuzar el paso adormilado de sus hijos por el pasillo.Cada mañana se levantaban aletargados, sin energía, y ella repetía la misma cantinela de siempre: ¡esta noche os voy a meter en la cama a las nueve de la noche! ¡Así no habrá cansancio que valga!
En cuanto se cerró la puerta de la calle detrás de sus mochilas, la casa se quedó detenida en un silencio súbito, como si la hubieran sellado al vacío. El único ruido que oyó a lo lejos fue el repiqueteo del agua en el baño. Javier se estaba duchando. Comprobó la hora en el reloj de la cocina: como no se diera prisa en terminar, llegaría tarde al trabajo.

Se sirvió su primer café del día, el que mejor le sabía, pausado y a solas, repasando todo lo que tenía por delante: limpiar la casa, poner la lavadora, pensar qué hacer de cena (a mediodía, a ella le valía cualquier cosa), sacarle el bajo a los pantalones de Paulita, que había crecido desde el mes pasado, revisar ofertas de trabajo en esa web de empleo, seguir enviando currículums, comprobar si le habían respondido los de la entrevista de la que salió tan contenta, convencida de que esta vez tendría suerte y la cogerían, llamar a excompañeros, que no se olvidaran de ella, que aquí seguía, desesperada por colocarse cuanto antes…

Javier apareció de pronto en la cocina, con prisas, envuelto en el olor fresco de su colonia y vestido con su traje de chaqueta gris, el pelo oscuro y espeso, aún mojado. Pronunció un buenos días sordo sin mirarla apenas, porque lo único que buscaban sus ojos era la cafetera. Su móvil no dejaba de lanzar pitidos suaves e insistentes, uno, y otro y otro… Entre semana, Javier ni siquiera se sentaba a la mesa: se bebía de pie el café negro sin azúcar, amargo a más no poder, mientras hojeaba los titulares del periódico en la Tablet apoyada en una especie de atril.

Después de dejar su taza en el fregadero, se volvió hacia ella haciendo ademán de decir algo. Ella lo observaba detrás de su taza, expectante. Finalmente, calló.
Otra vez será, se dijo. Sigue leyendo “Siempre nos quedará Facebook”