Compartir un camino en vez de un flechazo

Hoy prefiero mucho más la idea de compartir un camino con alguien a quien amas, en vez de sentir ese flechazo. Prefiero tener los ojos bien abiertos, sin que me los tape el cinismo o me los cierre el miedo, para buscar y ofrecer atributos que hasta ahora no me habían parecido especialmente importantes: la bondad, la compasión, la profundidad, la paciencia, etc.

James Rhodes, Instrumental

Hablamos y buscamos un amor, profundo, verdadero, real, aunque lo que de verdad nos encanta —confesémoslo, amigas—, es el flechazo, las “mariposas en el estómago”, la emoción del primer momento, del primer beso, la novedad. Romanticismo de libro. En estos tiempos de cambios constantes, vivimos para sentirnos forever como la primera vez. Sentir, emocionar, es el nuevo mantra universal —y no solo en las novelas de amor; en la política, en la cultura, en la publicidad, en la educación. Pero ese es otro tema—.

Jonkies de las emociones fuertes, de las pasiones intensas, eso es lo que somos.
Y sin embargo, qué poco nos dura el subidón.  Entre 200 y 350 páginitas, más o menos. Poco más de un día, para las más voraces.

Del enamoramiento al amor

Los cuentos —y las novelas románticas— saben que hay que terminar en el momento perfecto, justo antes de que se acabe la novedad:, en el: «Y vivieron felices y comieron perdices», chimpún. Una curiosa forma de resumir el resto de tu vida con otra persona, en el cual, parece que las perdices aportan su pequeña cuota nutritiva y sofisticada a la felicidad. Es cierto que algunas intentamos alargar ese final feliz un poquito más en el epílogo de nuestras novelas con el fin de extender la emoción a la rutina de la vida en pareja, ya menos novelesca pero tal vez más real. Tengo una amiga que siempre me dice que se le hacen cortos mis “y fueron felices” . Le gustaría que alargara ese momento dulce mucho más.

Así que cuando leí este párrafo de Instrumental, en el que James Rhodes reconoce que después de superar una juventud autodestructiva de adicción a las drogas, lo que más valora ahora son esas cualidades tal vez poco emocionantes pero tan importantes para la vida de pareja, fue como… vaya.

Me gustó leerlo. Me sonó muy auténtico. Una de esas verdades íntimas que sabes, pero que aparcas sin más. Y pensé que, a veces, esa búsqueda insaciable de emociones fuertes nos impiden valorar el logro de caminar juntos.

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