Sobre las palabras solas

Palabras perdidas

Debería existir una escritura de lo no escrito. Un día existirá. Una escritura breve, sin gramática, una escritura de palabras solas. Palabras sin el sostén de la gramática. Extraviadas. Ahí, escritas. Y abandonadas de inmediato.

Marguerite Duras, Escribir.

 

Sobre nuestros miedos más íntimos

Sobre los miedos

Yo sabía que la vida sabe. Que siempre sabe cuándo llega la hora de soltar la hoja de la guillotina o de tejer la corona de laureles. Sabía que la boca del estómago es el barómetro perfecto de las presiones vitales. Que se teme porque te importa. Que para que algo te duela, antes tiene que tocarte.

De Te regalaré el mundo, Marta Fernández

No existe el miedo a lo desconocido.
Existe el miedo a tus fantasmas, esos que crecieron contigo y ahora se esconden debajo de tu cama, agazapados, a la espera. Monstruos que nos cogen de la pierna distraída para alejarnos de quien más queremos, soledades no deseadas, bosques donde nos perdemos para nunca jamás volver.

Existe el miedo a todo lo que sabes de ti o a lo que crees que sabes porque es lo que te hace volar o hundirte .

Existe el miedo a perder lo que conoces y lo que quieres, porque lo hiciste tuyo y ya forma parte de ti; son tus elecciones, tus dominios, tus territorios. Podrás dejarlo marchar, pero no soportas el miedo a que te abandone, a que te lo arrebaten.

Y entre todos esos miedos, existe el miedo al sufrir por todo lo que nos importa.  

Del amor a la belleza

Pues si la catástrofe y el olvido han acompañado a este cuadro a través de los tiempos, tanto más lo hará el amor. En la medida en que es inmortal (y lo es), yo desempeño un pequeño, brillante e inmutable papel en esa inmortalidad. Existe, y sigue existiendo. Y sumo mi amor a la historia de cuantos han amado los objetos hermosos y han velado por ellos, los han librado de las llamas, los han buscado cuando estaban extraviados y han procurado conservarlos y rescatarlos mientras pasaban literalmente de mano en mano, cantando con alegría desde el naufragio del tiempo a la siguiente generación de amantes, y a la siguiente.

El jilguero
Donna Tart

 

Por qué leer

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Esto es lo que me encanta de la lectura; en un libro encuentras un detalle diminuto que te interesa, y este detalle diminuto te lleva a otro libro, y algo en ése te lleva a un tercer libro. Es matemáticamente progresivo; sin final a la vista, y sin ninguna otra razón que no sea por puro placer.

De La sociedad literaria y el pastel de piel de patata de Guernsey,
Mary Ann Shaffer.

 

Supongo que todo cuelga de nuestra curiosidad primitiva por escuchar historias, por saber qué hay más allá de las montañas y los mares, de dónde salió esa piedra maravillosa, o qué ocurrió con aquel que abandonó su hogar y se enfrentó a sus demonios. Por entendernos a nosotros mismos, nuestra existencia y este mundo extraño en el que vivimos. Leemos y buscamos respuestas a nuestras propias inquietudes: amor, desamor, dolor, distracción, evasión, afán de conocimiento, miedos escondidos, emociones varias.

Dicen que los libros nos eligen a nosotros. Yo creo que no. Elegimos los libros y los autores que necesitamos en cada momento de nuestra vida. A veces, incluso sin darnos cuenta. Y luego nos maravillamos cuando descubrimos que esa historia parece hablarnos solo a nosotros. Solo a mí. Como si la hubiera escrito ese autor/a para mí, cuando quizás haya sido una idea, una imagen sugerente, una palabra, una opinión de otro lector o ese “detalle diminuto” del que habla Shaffer, el que ha resonado en mi interior empujándome a elegir ese libro y no otro.

Cambiamos, y las lecturas cambian con nosotros. Y sus significados, también.

Todos tenemos nuestras razones para leer. ¿Por qué leeis vosotras?

Sobre el talento para escribir

Talento con la pluma

Finalizaré como empecé, con uno de los cortos y maravillosos ensayos de Proust, Contra Sainte-Beuve. “Las cosas bellas que escribiremos, si tenemos talento, dice Proust, están dentro de nosotros, poco claras, como el recuerdo de una melodía que nos deleita a pesar de que somos incapaces de recapturar su forma. Aquellos que están obsesionados por esta borrosa memoria de verdades nunca han sabido que son privilegiados… El talento es como cierta especie de memoria, la cual, permitirá finalmente traer esa borrosa música más cerca de ellos, para escucharla con claridad, para escribirla….”

De “Dos mundos”, V. S. Naipaul

La frase que más me llegó cuando subrayé este fragmento dentro del texto de Naipaul fue todo eso borroso que guardamos dentro,  “el recuerdo de una melodía que nos deleita a pesar de que somos incapaces de recapturar su forma”. Esa música a la que no consigues ponerle nombre. Esa palabra que se resiste a llegar a tu boca. Esa idea que termina difuminándose en términos correosos. Las palabras son muy traidoras, se escurren en el camino que va de la cabeza a los dedos. Cambian, se transforman. A veces, es emocionante. A veces, desesperante.
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Las metáforas importan

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Lo que quiero decir es que no nos faltan las metáforas. Pero debes tener cuidado con la metáfora que eliges, porque es importante. Si eliges los hilos, estás imaginándote un mundo en el que puedes romperte irreparablemente. Si eliges la hierba, estás diciendo que todos estamos infinitamente interconectados, que podemos utilizar ese sistema de raíces no sólo para entendernos unos a otros, sino para convertirnos los unos en los otros. Las metáforas implican cosas.

De «Ciudades de Papel».
John Green.

Yo soy más de hierba, de naturaleza: vientos, ríos, montañas, agujeros  negros en la galaxia.  Pero sobre todo, soy de árboles.

De elegir, elegiría la metáfora de un árbol, con todo lo que me sugiere: arraigado en la tierra y, sin embargo, siempre aspirando a tocar el cielo a través de las ramas que brotan de su savia y de su corazón. Ramas fuertes y ramas enclenques, ambiciosas o prudentes, vivaces o remilgadas. Todas forman parte de él.

Los árboles saben vivir en soledad consigo mismos, pero su fortaleza está en el bosque, en el entrechocar de las ramas de unos con otros, en las conversaciones llevadas por el viento, el mismo viento que lo zarandea de un lado a otro, mareándolo, oxigenándolo. Son energía. Paciencia. Sabiduría. Cobijo. Sombra. Inspiración.

Amamos lo que amamos

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Imagen cc Mysweetwilliams.com

Sí, mi laúd tenía defectos, pero ¿qué importa eso cuando se trata de asuntos del corazón? Amamos lo que amamos. La razón no entra en juego. En muchos aspectos, el amor más insensato es el amor más verdadero. Cualquiera puede amar algo por algún motivo. Eso es tan fácil como meterse un penique en el bolsillo. Pero amar algo a pesar de algo es otra cosa. Conocer los defectos y amarlos también. Eso es inusual, puro y perfecto.

De El temor de un hombre sabio, Patrick Rothfuss

Amamos lo que amamos, con sus aristas y sus secretos, con los ojos bien abiertos, sin ceguera que nos deslumbre ni excusa que nos alivie. Así amamos.
A él, a ella. A los padres. A algunos amigos. A nosotras mismas (¡deberíamos!). Ciertos lugares, ciertos paisajes de tu corazón. Pero, sobre todo, amamos así, a pesar de todo y por encima de todo, a los hijos. A ellos los amaremos siempre, aunque duelan.

 

También esto pasará

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( Foto vía JuneLemon)

Viviré sin ti hasta que me muera. Me diste los flechazos como única forma posible de enamoramiento (tenías razón), el amor al arte, a los libros, a los museos, al ballet, la generosidad absoluta con el dinero, los grandes gestos en los momentos adecuados, el rigor en los actos y en las palabras“.

De También esto pasará, Milena Busquets.

Captura de pantalla 2015-12-02 a las 12.17.27¿Por qué recomiendo este libro?
Porque las palabras de la narradora fluyen con la cadencia de la carta que siempre quisiste escribir a tu madre, reivindicándose a sí misma y sin embargo,  reconociéndose en ella, sin tristeza, ni culpas, -asume las consecuencias de tus actos pero jamás te sientas culpable–, sino con descaro, con valentía, con honestidad.
Porque suena tan brutalmente honesto que se te queda unos días pinchado en el corazón.